Mi abuela siempre tuvo 𝐜𝐡𝐢𝐥𝐩𝐚𝐲𝐚𝐬 en sus jardineras. Incluso muy niña comí unos pensando que eran frutitas. ❞𝑴𝒊𝒓𝒂 𝒑𝒂❜𝒂𝒓𝒓𝒊𝒃𝒂❞ les dicen. Son generosos y brotan sin tantos cuidados, y veo que a los pájaros les gustan mucho, con quienes compartíamos la generosa cosecha.
¿Quién iba a decir que las raíces de ese legado nos alcanzarían hasta Montréal? Daia llegó el verano pasado con un obsequio de su maestra, un brote bebé de 𝒑𝒊𝒓𝒊-𝒑𝒊𝒓𝒊. Se hizo robusto y muy pronto le vi forma del arbusto familiar, y su cosecha nos acompañó incluso durante el otoño. Ella no quiso dejarlo a su suerte en nuestro balcón soñador, donde muchas plantas descansan bajo la nieve, así que durmió durante el invierno con nosotros, donde continúa nutriendo la memoria de mi abuela.
Me gusta cómo sembramos y transmitimos la memoria de nuestras familias, entre la coincidencia, la nostalgia y los sabores vivos que brotan en el nido de un hogar.
Historias de marzo, invierno MMXXVI.